No me traiciones.
Pero para proteger a todos.
Cerré el diario y lo sujeté con fuerza.
Harold había cargado con este peso solo durante sesenta y cinco años.
Al día siguiente volví a visitar a Virginia y a Gini.
Les dije la verdad.
—Eres la hija de mi hermana —le dije a Virginia.
—Y tú —le dije a Gini— eres mi sobrina nieta.
Gini cruzó la habitación y me abrazó con fuerza.
En ese momento finalmente lo entendí.
Harold no había ocultado otra vida.
Había dedicado toda su vida a mantener unidas a dos familias en silencio.
Y al final, el secreto que había guardado nos unió a todos.